En cambio, en China no hay ni un sólo caso de SIDA. La probable explicación es la siguiente. En China no se aplican las reglas porque no forma parte de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Luego es lógico que no haya SIDA, pues al no aplicarse los tests, no puede haber etiquetados. Claro que debe haber algunos casos de inmunodeficiencia, como también los había en Occidente antes de que se inventase el SIDA. Pero está producida por cualquiera de las numerosas causas que deprimen la inmunidad y que los libros de texto de las Facultades de Medicina explicaban antes del 81. Ahora parece que el único factor inmunodepresor sea un VIH que no existe. En todo caso, en China no ha entrado...
LAS REGLAS DE JUEGO DEL INVENTO SIDA El SIDA es el resultado de que hasta ahora la población mundial se ha creído unas reglas de juego que permiten poner las etiquetas mencionadas. Las reglas fueron establecidas por los CDC (Centers for Disease Control, Atlanta), respaldadas por la OMS y seguidas a ciegas por los gobiernos. Las reglas básicas son: 1) Hacer creer que ha aparecido una nueva enfermedad y presentarla como inevitablemente mortal; 2) Coger dolientes de diversas enfermedades ya existentes; 3) Nombrarlos “enfermos de SIDA” por medio de un acto misterioso consistente en dar positivo a unos tests chapuza; y, 4) Matarlos con los tratamientos social y médico, con lo que se autocumple la profecía de que la “nueva enfermedad” era mortal. Veamos algunos elementos de cómo funcionan las cuatro reglas que hacen que el SIDA exista. Pero al hacerlo críticamente y entender su funcionamiento, también queda claro cómo lograr que dejen de actuar, con lo que rápidamente se podría acabar con el SIDA... si se quisiera. 1ª.- ¿SIDA MORTAL? A mediados de 1981, los CDC proclaman que ha aparecido una nueva terrible enfermedad que ataca a homosexuales. La presentaron desde el primer momento como inevitablemente mortal, lo cual se convirtió en verdad mundial con la manipulación del fallecimiento de Rock Hudson. 27(Añadida) La incorporación de China a la OMS se tradujo en que durante un cierto tiempo apareciesen en los medios de comunicación escandalosas noticias acerca del “terrible avance del SIDA en China”. Las reglas de juego oficiales se habían puesto en marcha a pleno rendimiento. Pero en los últimos años, de nuevo China ha desaparecido de “las noticias del SIDA”. ¿Qué ha ocurrido? El gobierno chino se dio cuenta de que “las cifras del SIDA” estaban siendo utilizadas para atacar a su país en la arena mundial, y le han puesto coto. Al parecer, pues, esta vez el frenazo a la aplicación de las reglas oficiales del SIDA ha sido relativamente consciente… aunque sin llegar hasta el fondo, por ahora.
También desde el inicio se apuntó que la causa era un virus transmitido sexualmente. Pero como las enfermedades de transmisión sexual circulan en todas direcciones, hubo que difundir “eso” desde los homosexuales al resto de la población, a las otras “h”: primero a heroinómanos y a hemofílicos, y finalmente a heterosexuales. Pero la presentación del SIDA desde el primer momento como mortal de necesidad carecía de todo fundamento, y ya indica que algo turbio hubo en el origen del SIDA. En efecto, si realmente un nuevo problema de salud hubiese surgido espontáneamente por el proceso natural que fuese, una vez detectado habría que haber hecho un cuidadoso seguimiento durante meses antes de observar si todas las personas que cogían “eso nuevo” acababan muriendo, y entonces llegar a la conclusión de que era mortal. Además, se sabe que en toda verdadera epidemia llegan al hospital los afectados más débiles, pero que numerosos infectados no llegan a ir a los centros hospitalarios porque se recuperan por sí solos. De hecho, en la numerosísima literatura pseudocientífica publicada sobre el SIDA, sólo hay un artículo, aparecido en la revista Science en 1988, que intente demostrar, con unas extrapolaciones sin rigor estadístico alguno, que el SIDA es mortal. Pero la presión instauradora del invento SIDA fue tan fuerte que los médicos implicados se lo creyeron. Así rompieron con la primera norma deontológica de todo médico merecedor de tal nombre: dar esperanza a los enfermos, sea cual sea su situación. A los etiquetados se les ha negado toda esperanza y posibilidad de recuperación, y, por el contrario, se les ha garantizado la muerte. 2ª.- ¿NUEVOS ENFERMOS? Pervirtiendo el significado de “síndrome” como conjunto de síntomas, varias enfermedades previamente existentes fueron puestas dentro de un mismo saco, sobre el que se colocó la etiqueta “SIDA”. Además, se ha hecho aumentar arbitrariamente el número de enfermedades incluidas, a fin de que parezca que hay una epidemia. La definición de SIDA se ha cambiado en cuatro ocasiones: de dos enfermedades (1981) a doce (1983, primera definición oficial de SIDA); de doce a dieciocho (1985); de dieciocho a veintiséis (1987), y de veintiséis a veintinueve (1993). Además, el último cambio también permite poner la etiqueta de SIDA a una persona, aunque esté perfectamente sana, por el simple hecho de que le dé menos de 200 T428. A cada cambio, cientos de miles de personas ya enfermas de todo el mundo que a la noche anterior se acuestan no siendo “casos de SIDA”, por la mañana se despiertan convertidos en “casos de SIDA” debido a que a medianoche ha empezado a funcionar la nueva definición. A resaltar que esto lleva a que los estadísticos oficiales manipulen los gráficos del SIDA. Si no lo hiciesen, al observarlos se vería cuatro escalones bruscos, lo cual llamaría la atención y pondría en alerta. Modifican las cifras igualando las de antes y las de después del cambio, con lo que consiguen tramposamente que la curva tenga continuidad y que así el truco pase desapercibido. Resumiendo, las personas etiquetadas como “enfermos de SIDA” no son nuevos enfermos de algo nuevo, sino antiguos enfermos a los que se les cambia el nombre de su enfermedad anterior (por ejemplo, tuberculosis) por el nuevo de SIDA. ¿Cómo se efectúa esta operación de camuflaje? Por medio de los mal llamados “tests del SIDA”.
LAS REGLAS DE JUEGO DEL INVENTO SIDA El SIDA es el resultado de que hasta ahora la población mundial se ha creído unas reglas de juego que permiten poner las etiquetas mencionadas. Las reglas fueron establecidas por los CDC (Centers for Disease Control, Atlanta), respaldadas por la OMS y seguidas a ciegas por los gobiernos. Las reglas básicas son: 1) Hacer creer que ha aparecido una nueva enfermedad y presentarla como inevitablemente mortal; 2) Coger dolientes de diversas enfermedades ya existentes; 3) Nombrarlos “enfermos de SIDA” por medio de un acto misterioso consistente en dar positivo a unos tests chapuza; y, 4) Matarlos con los tratamientos social y médico, con lo que se autocumple la profecía de que la “nueva enfermedad” era mortal. Veamos algunos elementos de cómo funcionan las cuatro reglas que hacen que el SIDA exista. Pero al hacerlo críticamente y entender su funcionamiento, también queda claro cómo lograr que dejen de actuar, con lo que rápidamente se podría acabar con el SIDA... si se quisiera. 1ª.- ¿SIDA MORTAL? A mediados de 1981, los CDC proclaman que ha aparecido una nueva terrible enfermedad que ataca a homosexuales. La presentaron desde el primer momento como inevitablemente mortal, lo cual se convirtió en verdad mundial con la manipulación del fallecimiento de Rock Hudson. 27(Añadida) La incorporación de China a la OMS se tradujo en que durante un cierto tiempo apareciesen en los medios de comunicación escandalosas noticias acerca del “terrible avance del SIDA en China”. Las reglas de juego oficiales se habían puesto en marcha a pleno rendimiento. Pero en los últimos años, de nuevo China ha desaparecido de “las noticias del SIDA”. ¿Qué ha ocurrido? El gobierno chino se dio cuenta de que “las cifras del SIDA” estaban siendo utilizadas para atacar a su país en la arena mundial, y le han puesto coto. Al parecer, pues, esta vez el frenazo a la aplicación de las reglas oficiales del SIDA ha sido relativamente consciente… aunque sin llegar hasta el fondo, por ahora.
También desde el inicio se apuntó que la causa era un virus transmitido sexualmente. Pero como las enfermedades de transmisión sexual circulan en todas direcciones, hubo que difundir “eso” desde los homosexuales al resto de la población, a las otras “h”: primero a heroinómanos y a hemofílicos, y finalmente a heterosexuales. Pero la presentación del SIDA desde el primer momento como mortal de necesidad carecía de todo fundamento, y ya indica que algo turbio hubo en el origen del SIDA. En efecto, si realmente un nuevo problema de salud hubiese surgido espontáneamente por el proceso natural que fuese, una vez detectado habría que haber hecho un cuidadoso seguimiento durante meses antes de observar si todas las personas que cogían “eso nuevo” acababan muriendo, y entonces llegar a la conclusión de que era mortal. Además, se sabe que en toda verdadera epidemia llegan al hospital los afectados más débiles, pero que numerosos infectados no llegan a ir a los centros hospitalarios porque se recuperan por sí solos. De hecho, en la numerosísima literatura pseudocientífica publicada sobre el SIDA, sólo hay un artículo, aparecido en la revista Science en 1988, que intente demostrar, con unas extrapolaciones sin rigor estadístico alguno, que el SIDA es mortal. Pero la presión instauradora del invento SIDA fue tan fuerte que los médicos implicados se lo creyeron. Así rompieron con la primera norma deontológica de todo médico merecedor de tal nombre: dar esperanza a los enfermos, sea cual sea su situación. A los etiquetados se les ha negado toda esperanza y posibilidad de recuperación, y, por el contrario, se les ha garantizado la muerte. 2ª.- ¿NUEVOS ENFERMOS? Pervirtiendo el significado de “síndrome” como conjunto de síntomas, varias enfermedades previamente existentes fueron puestas dentro de un mismo saco, sobre el que se colocó la etiqueta “SIDA”. Además, se ha hecho aumentar arbitrariamente el número de enfermedades incluidas, a fin de que parezca que hay una epidemia. La definición de SIDA se ha cambiado en cuatro ocasiones: de dos enfermedades (1981) a doce (1983, primera definición oficial de SIDA); de doce a dieciocho (1985); de dieciocho a veintiséis (1987), y de veintiséis a veintinueve (1993). Además, el último cambio también permite poner la etiqueta de SIDA a una persona, aunque esté perfectamente sana, por el simple hecho de que le dé menos de 200 T428. A cada cambio, cientos de miles de personas ya enfermas de todo el mundo que a la noche anterior se acuestan no siendo “casos de SIDA”, por la mañana se despiertan convertidos en “casos de SIDA” debido a que a medianoche ha empezado a funcionar la nueva definición. A resaltar que esto lleva a que los estadísticos oficiales manipulen los gráficos del SIDA. Si no lo hiciesen, al observarlos se vería cuatro escalones bruscos, lo cual llamaría la atención y pondría en alerta. Modifican las cifras igualando las de antes y las de después del cambio, con lo que consiguen tramposamente que la curva tenga continuidad y que así el truco pase desapercibido. Resumiendo, las personas etiquetadas como “enfermos de SIDA” no son nuevos enfermos de algo nuevo, sino antiguos enfermos a los que se les cambia el nombre de su enfermedad anterior (por ejemplo, tuberculosis) por el nuevo de SIDA. ¿Cómo se efectúa esta operación de camuflaje? Por medio de los mal llamados “tests del SIDA”.
Por Luis Botinas (Economista desidente de la versión oficial)
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