jueves, 21 de junio de 2018

Informes oficiales del Senado y el Ministerio de Salud



EL SENADO Y EL MINISTERIO DE SALUD USA, RATIFICAN

El “Subcommittee on Oversight and Investigations” del “Committee on Energy and Commerce” de la “USA House of Representatives” llegó a unas conclusiones recogidas en un “Executive Summary” de entre cuyos “Highlights” extraemos las siguientes frases (el dossier completo se puede obtener por Internet): * “No hay ya duda alguna de que los científicos del IP fueron los primeros en aislar el virus del SIDA. Los científicos del LTCB realizaron todos estos experimentos con el virus del IP, primero bajo su propio nombre original, LAV, y luego con dos nombres diferentes: MOV y VLTH-IIIb” * “Un cuerpo sustancial de evidencia circunstancial recogido y revisado durante la investigación del Subcomité muestra que desde el momento inicial de sus experimentos los científicos del LTCB conocían o tenían razones para conocer que el virus con el que estaban trabajando y que reclamaban como propio era el virus del IP. La evidencia también muestra que en las semanas anteriores al anuncio de sus ‘descubrimientos’, los científicos del LTCB tuvieron evidencia adicional y convincente de que su virus era el virus del IP”. * “Los Drs. Gallo y Popovic proclaman que el VLTH-III era un virus genuino aislado por el LTCB independientemente (del virus del IP). Pero la investigación del Subcomité encontró que, al margen de las aserciones de Gallo-Popovic, no hay evidencia alguna que apoye sus afirmaciones y que hay amplia evidencia que las cuestiona”. * “...los científicos del LTCB sabían que había algo que esconder e hicieron todos los esfuerzos para hacer exactamente esto, esconderlo”. * “Los verdaderos inventores del test sanguíneo para el VIH fueron los científicos del IP, quienes habían desarrollado y comenzado a usar su test de sangre en el verano anterior (1.983). El Dr. Gallo y sus colegas no
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declararon a la PTO (la Oficina de Patentes y Registros) su conocimiento y utilización del tests del IP, ni tampoco declararon el considerable cuerpo de trabajo científico realizado por los científicos del IP sobre su virus y su test de sangre”. * “La patente del Dr. Gallo et al. fue tramitada en un tiempo récord... mientras que la solicitud presentada por el IP cuatro meses antes no fue ni tocada. El trato diferente dado a las dos aplicaciones para un mismo invento nunca ha sido satisfactoriamente explicado”. * “La respuesta del HHS (Health and Human Services, el “Ministerio de Sanidad” de los USA) a las demandas del IP fue inmediata y reflexiva. La respuesta fue defender –a cualquier precio y al margen de la evidencia– las pretensiones del Dr. Gallo et al. La investigación del Subcomité mostró que los oficiales y abogados del HHS realizaron una parodia de investigación; no buscaron la verdad sino que buscaron crear un documento oficial que apoyase las pretensiones del Dr. Gallo et al.”. * “Los oficiales del HHS aceptaron acríticamente todo lo que les fue dicho por el Dr. Gallo y sus colegas, incorporando, indiscriminadamente y sin confirmarla, la información de los científicos del LTCB a los informes oficiales del Ministerio. Cuando dichos oficiales se encontraron con fuerte evidencia que contradecía las pretensiones del NCI/HHS, la evidencia fue ignorada, descartada y/o suprimida”. * “Las argumentaciones del gobierno USA contienen numerosas pretensiones erróneas. También reflejan numerosas ausencias de materiales. La desinformación y las omisiones de materiales pueden ser directamente rastreadas hasta los documentos y declaraciones preparadas por el Dr. Gallo y sus colaboradores del LTCB”. Los resultados obtenidos por este Subcomité (dirigido por el congresista John Dingell) y los de un equipo de la Academia Nacional de Ciencias (dirigido por Frederic Richards, bioquímico de Yale), hizo que el HHS cambiase las conclusiones de una primera investigación (hecha por su OSI: Office of Scientific Integrity) en las que “sólo” acusaba al Dr. Gallo de “ser mal colega” y de varias “infracciones relativamente menores”. Tras una revisión que duró nueve meses, la segunda investigación (hecha por la ORI: Office of Research Integrity, que sustituyó a la OSI) llegó el 30-diciembre-1.992 a unas conclusiones que incluyen lo siguiente: * “El Dr. Gallo relató falsamente sobre la situación de la investigación del LAV cuando escribió su informe, y esto constituye mala conducta (misconduct) científica”.
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* “Las explicaciones que el Dr. Gallo profirió acerca del informe ni son creíbles cuando se tiene en cuenta la evidencia, ni quitan peso a lo impropio de relatar falsamente el status del LAV”. * Fueron “gratuitas, en su beneficio e impropias” las revisiones que el Dr. Gallo hizo a un artículo que el equipo francés había enviado para ser publicado en una revista científica. * “Debido a su condición de autor principal, el Dr. Gallo tiene la responsabilidad sustancial de las numerosas discrepancias (encontradas en los artículos publicados en 1.984), incluidos cuatro casos de mala conducta científica atribuidos al Dr. Popovic (co-autor)”. * “Teniendo especialmente en cuenta el carácter básico de las investigaciones y sus profundas implicaciones en la salud pública, la ORI considera que la falta de cuidado y la inaceptable conservación de los registros de la investigación reflejan una gestión irresponsable del laboratorio (dirigido por el Dr. Gallo), lo cual ha obstaculizado permanentemente la posibilidad de hacer el seguimiento de los pasos importantes realizados”. * “El Dr. Gallo tampoco logró determinar de forma oportuna el origen exacto de algunas de las células cruciales en las que se multiplicó el virus. Al igual que con los virus, también se encontró que las células habían sido tomadas prestadas de otro científico al que no se le hizo la debida mención en el artículo. Más tarde, el Dr. Gallo se negó a compartir libremente las células con otros científicos, obligando a duplicar importantes trabajos”. Nature del 7-11-96 daba a conocer que: “El Tribunal Supremo de Apelación de Francia ha desestimado la demanda de Robert Gallo por libelo y mentira contra el periódico francés Le Monde. Gallo presentó estas acusaciones contra el periódico y su periodista Frank Nouchi en relación a la cobertura hecha en 1991 del conflicto entre Gallo y el investigador francés Luc Montagnier a propósito del descubrimiento del VIH. El artículo de Nouchi, basado en el borrador de un informe de los National Institutes of Health (NIH), afirmaba que Gallo había ‘contravenido las más elementales reglas de la comunicación científica’ y que se había apropiado del virus descubierto por Montagnier para desarrollar en los USA su test para el VIH. El Tribunal ha dictaminado que la investigación de Nouchi fue ‘seria y profunda’, y condena a Gallo a pagar todos los gastos legales realizados por Le Monde”.
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Fuente: Desmontando al virus des Sida. Por Luis Botina

martes, 5 de junio de 2018

El calvario del hombre que lo perdió todo por un falso positivo de VIH

Cuando el 16 de febrero de 2000 ingresó en Urgencias por una pequeña herida en la pierna, Carlos no podía imaginar que se iniciaba una pesadilla que acabaría arruinándole la vida. Un error incomprensiblemente sostenido durante 15 años le hizo creer que era portador del virus del sida y de hepatitis B y C. La sociedad, empezando por su entorno más cercano, lo convirtió en lo que en aquellos años se conocía como un 'sidoso'. Su mujer se separó de él, perdió el contacto con su hija, lo echaron del trabajo, cayó en la droga… Hasta en tres ocasiones trató de quitarse la vida. El reconocimiento a todo ese dolor llega casi 18 años después, cuando una sentencia de los juzgados de Vigo condena al hospital donde fue atendido a pagarle una indemnización de 60.000 euros.
“No hay dinero que resarza tanta desgracia, pero al menos se ha aceptado el error y se le ha dado la razón”, asume su abogada, Noemí Martínez González, que ha vivido de cerca el calvario padecido por su defendido en buena parte de esta etapa. La vida de Carlos —nombre ficticio— no era precisamente ejemplar, pero estaba muy lejos de la horrible sucesión de desgracias que se desencadenarían a partir de entonces. Vivía en Nigrán (Pontevedra) junto a su mujer y a su hija, que entonces tenía 10 años, en una casita situada al fondo de la finca de la vivienda de su familia. Y aunque las drogas no eran nada extraño para él, no tenía nada que ver con el adicto en el que se convertiría tras el fatal —y erróneo— diagnóstico.
Entró en una espiral de “autodestrucción”, impulsado por un entorno en el que el sida se consideraba poco menos que incurable
Según la sentencia, Carlos, que entonces tenía 32 años, entró en una espiral de “autodestrucción”, impulsado por un entorno en el que, en aquellos años en que el sida se consideraba poco menos que incurable, se respiraba lo que la demanda tilda de “serofobia”. El juez asume por completo los argumentos de la demanda, acerca de las “consecuencias de toda índole” que se derivaron del conocimiento del diagnóstico, que posteriormente se reveló erróneo. Carlos reclamaba 400.000 euros por los daños morales, pero la sentencia establece una cantidad de 4.000 euros por cada uno de los años que le hicieron creer que era seropositivo.
Todo empezó con una caída sin mayor trascendencia en la vía pública, que le provocó una herida inciso-contusa en la pierna derecha. Acudió a Urgencias de su hospital de referencia, Povisa, una clínica privada viguesa con un concierto con la sanidad pública gallega por el que atiende a 140.000 pacientes del área geográfica. No tardaron en atenderlo, pero al día siguiente recibía en su domicilio el informe de alta del servicio de traumatología y cirugía ortopédica. En el apartado “Otros diagnósticos”, el parte señalaba: “VIH, VHB, VHC, ADPV”. Es decir, los virus causantes del sida y de las hepatitis B y C, además de una alusión al consumo de drogas parentales. La sentencia lo considera “un claro error de diagnóstico, mantenido durante 15 años”.
Para mayor desgracia, no fue el paciente quien recibió y leyó en primer lugar aquel informe que le arruinaría la vida, sino uno de sus hermanos, que abrió la carta del hospital con el diagnóstico y comunicó la noticia a la mujer del afectado. Fue por ella por quien Carlos se enteró del falso VIH. A partir de ahí, “se desencadenó un escenario de mutuas acusaciones acerca del origen del contagio que terminó en ruptura matrimonial y en una espiral de autodestrucción”, relata la sentencia. “Su esposa se separó de él, quedando privado de su derecho-deber a relacionarse con su hija (…) por el temor de la madre y de la abuela paterna a que pudiese ser contagiada por su padre”. Esa relación, añade, “aún no está normalizada en la actualidad”.
Recayó en el consumo de estupefacientes, lo cual, unido a lo que él creía una corta esperanza de vida, hizo que comenzase una espiral delictiva
“Recayó en el consumo de sustancias estupefacientes, lo cual, unido a lo que él creía una corta esperanza de vida, hizo que comenzase una espiral delictiva que lo llevó a ingresar en prisión en 2012”, sigue el fallo. “El diagnóstico le sumió en una fuerte depresión, con reiterados intentos de suicidio (…), debiendo, durante su estancia en prisión, serle aplicado el protocolo de suicidio en diferentes ocasiones”. Vivía “una condena a muerte”, multiplicada por el hecho de "ver morir a sus amigos”.
También figura en la sentencia como demostrado que el demandante dejó de ver a su hija por temor a que fuese contagiada. “Actualmente tiene un nieto al que apenas conoce. También perdió la relación con sus hermanos y con los hijos de estos, pues se trataba de evitar cualquier contacto. En realidad, toda la familia sufrió el estigma de la enfermedad, incluida la niña”, narra el juez, que añade: “Su vida personal, social y laboral se desmoronó, quebrándose todo su proyecto vital”.
La abogada hace hincapié en los primeros años de ese periodo en que Carlos creyó convivir con el VIH, una etapa en la que el virus se asociaba a una pronta muerte. Tanto ese virus como la hepatitis B eran “sinónimo de vida desordenada, cuando no libertina o instalada en los malos hábitos y en el vicio”, añade. La propia sentencia lo refleja así. “Ser diagnosticado como portador del virus le convierte al sujeto en apestado, y acarrea su muerte civil. A ese entierro virtual, en no pocas ocasiones los primeros que acuden son los familiares, como ocurrió en el caso examinado”, señala.
La sentencia asegura que sufrió un caso de exclusión y marginación social
“Se trata de un caso particular de exclusión social, caracterizada por dificultad en la continuidad laboral, ausencia o insuficiencia de apoyos familiares o comunitarios, marginación social y, desde luego, falta de sensibilización de la población en general frente a la problemática relacionada con el VIH o la hepatitis asociada al virus”, continúa el fallo, que lamenta que los enfermos “son tratados como los leprosos en la antigüedad, que eran señalados y apartados de la sociedad por miedo al contagio, de modo que no resulta difícil imaginar el desasosiego y el abatimiento moral del demandante”.
“Se bloqueó y se volvió loco”, explica su abogada, “porque la esperanza de vida con un cuadro como el que supuestamente presentaba no era de más de dos años. Le daba todo igual: por eso abandonó el trabajo, volvió a delinquir, ingresó en prisión, intentó suicidarse y se metió de lleno en la heroína”. No le dejaban ni tocar a su hija, y la abuela de la niña limpiaba todo lo que el supuesto seropositivo tocaba, por miedo al contagio.
Para la abogada, tan grave como el error en el diagnóstico es el “fracaso del sistema” en el seguimiento del falso infectado. “No es que no se le hiciera un contraanálisis, es que nadie le dijo lo que tenía que hacer. Se le abandonó a su suerte”, lamenta. La gran mentira en la que durante tanto tiempo vivieron él y su familia comenzó a desvanecerse cuando, en 2015, decidió solicitar una ayuda a través de su asistente social. El preceptivo análisis llegó a su casa el 30 de septiembre de 2015. Su contenido señala el resultado negativo de los análisis en HVB, VIC, VHC y hepatitis C. Empezó así una batalla judicial que ha acabado por darle la razón en el “nexo causal” entre un “claro error de diagnóstico” y una vida arruinada.

lunes, 4 de junio de 2018

Ideas para desmontar el Timo del SIDA/VIH por Luis Botina

¿CÓMO DESMONTAR EL SIDA?

Empezando a hacer una o varias de las siguientes acciones (y/u otras que se le ocurran, lector/a): Organizar la publicación y circulación masiva de esta información crítica y emancipadora.

Declararse TERRITORIO LIBRE DE SIDA o, más rigurosamente, TERRITORIO LIBRE DEL MONTAJE SIDA, y constituir una red multiplicadora de zonas liberadas.

Recopilar una aplastante cantidad de TESTIMONIOS ANÓNIMOS (incluso sin nombres de médicos ni de hospitales y ni siquiera de ciudades, a fin de evitar presiones y represalias), PERO VERDADEROS de quienes han roto –hace lustros o recientemente– con el engranaje oficial.

Compilar las frases terroristas soltadas por los oficialistas y soportadas por sus víctimas, y estudiar cómo pedir responsabilidades por el destructivo efecto nocivo que generan.

Requerir a los médicos que vuelvan a aplicar “los tests del SIDA” a fin de que todos los etiquetados entiendan que no los hacen de nuevo porque quieren evitar que se multiplique el revelador hecho llamado “serorreversión” (“positivo” que luego da “negativo”).

Exigir el cumplimiento del “Principio de responsabilidad” a todos los escalones y a todas las categorías de servidores públicos relacionados con el tema SIDA.

Denunciar a las autoridades políticas y sanitarias y a los médicos “especialistas de SIDA” por aplicar unos “tests del SIDA” y unos “fármacos anti-VIH” cuyos fabricantes advierten de que no sirven ni para una cosa ni para la otra, e imponer una moratoria inmediata a su aplicación

Reclamar el cumplimiento a rajatabla del derecho fundamental llamado “consentimiento informado”, sistemáticamente violado por todas las piezas del engranaje SIDA. Presentar a firmar a cada médico hospitalario un documento donde acepte las responsabilidades civiles y penales derivadas de cada acto médico que prescribe “para combatir el SIDA”.

Exigir, tanto las víctimas vivas como los familiares de las ya muertas, indemnizaciones por los daños anímicos, físicos, sociales, … que se les ha obligado a sufrir innecesariamente.

Requerir que la dirección de Science retire los fraudulentos artículos del Dr. Gallo. Abrir un juicio a dicho Dr. Gallo por perjurio.

 Solicitar a la Fundación Nobel que retire su Premio al Dr. Montagnier. Exigir las distintas responsabilidades (políticas, administrativas, médicas, científicas, universitarias, empresariales, mediáticas, …) a los culpables del drama que está ocurriendo.

Lograr el sobreseimiento de todas las acusaciones por haber “con tagiado el VIH” a terceros. Denunciar violación de Derechos Humanos en todas partes posibles, pues “Nadie debe ser sometido a un tratamiento o pena en forma inhumana, cruel o con tortura” (artículo 5).

Presentar querellas por robo de vida, por castración y ablación generalizadas, por envenenamiento, por intento de asesinato, …

Lograr que se lleve a juicio, directamente o a través de quienes lo están aplicando día a día, a los que montaron el SIDA. Hacer ver a los intelectuales y artistas que han apoyado generosamente “la lucha contra el SIDA” que en realidad han sido utilizados para reforzar un engaño criminal, y conseguir que pasen a actuar para acabar con el SIDA.

Lograr que expertos de otras especialidades y de otras ramas apliquen sus conocimientos a desvelar la ausencia de bases científicas en el VIH/SIDA.

Ante cada cita electoral, formar “Candidaturas para ACABAR  CON EL SIDA”.

Formación de “Grupos científico-médicos interdisciplinares para acabar con el SIDA”. Constitución de “Tribunales imparciales” en distintos campos  (científicos, médicos, jurídicos, …) que estudien las distintas posiciones existentes en cada aspecto del VIH/SIDA. Etc., etc., etc.

 Todas estas acciones –y muchas más– permitirían avanzar desde múltiples ángulos en ACABAR CON EL SIDA DESMONTÁNDOLO, que es el camino que proponemos quienes nos consideramos LOS RIGUROSOS DEL SIDA. Y para llevarlo adelante se está formando una Corriente Internacional DESMONTANDO EL SIDA… a la que le invito a sumarse, lector/a.
PERO, ¿QUIÉN QUIERE ACABAR CON EL SIDA? Aunque no se atrevan a decirlo abiertamente, los oficialistas no quieren que el SIDA termine, pues pretenden seguir viviendo perpetuamente del SIDA convertido en supuesta “enfermedad crónica” o, aún mejor para ellos, en “epidemia crónica”. Puede ser sugerente, lector/a, preguntarse por qué tantos miles de millones de euros y, aún más, de dólares, y los esfuerzos de tantas decenas de miles de especialistas están dirigidos desde 1981 a “luchar contra el SIDA” pero no a “acabar con el SIDA”. Parece que el cerebro de políticos, administradores, responsables sanitarios, investigadores, expertos, médicos, periodistas, miembros de organizaciones (mal llamados) antiSIDA, etc., no pueda siquiera concebir la posibilidad de que el objetivo de tanto despilfarro debería ser ACABAR CON EL SIDA. Pero tampoco la mayoría de los disidentes se orienta a acabar con el SIDA puesto que siguen empantanados “repensando”, “replanteando”, “reevaluando” o “superando el SIDA”. Me temo que estas expresiones reflejan en muchos casos la aspiración a ser reconocidos por los oficialistas como interlocutores válidos, e incluso expresan el deseo de lograr demostrarles que han sido los disidentes quienes han tenido razón en sus críticas a la versión oficial y en sus avances de explicaciones alternativas.

Mientras no cambien esta actitud, estos disidentes contribuyen a que las personas etiquetadas que les escuchan sigan atrapadas por el engranaje SIDA. Y sin embargo, los disidentes –al contrario que los oficialistas– sí que podrían proponer numerosas maneras y medidas para acabar con el SIDA… siempre que orienten su cabeza y su corazón hacia este objetivo, claro.