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“¿Tenés POPPER?” “¿Usás poppr?” “¿Te molesta si llevo popper?”
Estas preguntas, que pueden sonar raras para algunos, son cada vez más
frecuentes al pactar encuentros en privado en los chats gays. Incluso,
algunos utilizan la palabra popper como nick (seudónimo)
El
popper adquiere cada vez más presencia luego de su fugaz paso por
Buenos Aires en la primera mitad de los ochenta. Cuando se habla de
drogas adictivas, pocos, fuera de la comunidad gay, hablan del popper
o siquiera saben qué es. Sin embargo, tiene una historia larga como
sustancia de abuso que no es vista como tal dada la enorme permisividad
que existe entre los gays.
Muchas
drogas se fueron introduciendo a lo largo del tiempo en la comunidad
gay. Una de las más baratas y con una historia que parece resurgir con
mucha fuerza es el popper. Los
poppers se presentan en botellitas que contienen una mezcla líquida de
nitritos volátiles que, cuando son inhalados justo antes del orgasmo,
parecen prolongar su sensación. Además, facilitan la penetración anal
por relajación de los músculos de la zona y disminuyendo la sensación de
dolor. Producen, además, un estado de euforia pasajera.
En
un principio solo podían obtenerse por prescripción médica, como amyl
nitratos, ya que se utilizaban en personas con ciertos problemas
cardíacos y fueron desplazados, a principios de los sesenta, por las
tabletas de nitroglicerina que no tenían los efectos adversos de la
forma inhalatoria.
El
laboratorio que producía la forma original inhalatoria, Burroughs
Wellcome, que hasta ese momento detentaba la patente y el monopolio de
la venta, parecía ir a la quiebra pero providencialmente le surge otro
mercado. El ejército americano andaba a la búsqueda de nuevas drogas con
las que entretener y anestesiar a sus tropas en Vietnam, por lo que
estaba muy interesados en los nitritos inhalatorios que se sumaron a la
marihuana, opio, heroína y anfetaminas que los soldados ya consumían.
Así, entre mediados de los sesenta y hasta el final de la guerra, las
drogas circulaban entre los Estados Unidos y las zonas de combate.
Cuando
los soldados volvieron a casa, entre sus adicciones varias trajeron el
gusto por los nitritos. Eran legales, baratos y fáciles de llevar, y se
vendían sin prescripción médica. Hasta que empezaron a llegar los
informes de graves quemaduras en la piel cuando se derramaban, estados
de inconciencia, problemas respiratorios y anormalidades en la sangre,
los cuales hicieron que la venta de los poppers fuera restringida.
En
ese momento, Clifford Hassing, un estudiante de medicina gay, alteró un
poco la estructura química de los poppers patentándolo como butyl
nitritos.
Pronto,
empresas más organizadas, y no del todo legales a veces, se apropiaron
del negocio y realizaron más cambios en la molécula del producto
obteniendo el isobutyl nitrito, que es menos puro y más tóxico, pero
mucho más efectivo que el original.
Con
el surgimiento de los espacios urbanos gays post-Stonewall, los grupos
gays fueron vistos como el mercado ideal para el nuevo producto. La Food
and Drugs Administration, el organismo estadounidense que aprueba la
venta de alimentos y drogas, no dijo ni aclaró nada al respecto y se
puso en marcha el acuerdo público no escrito: la distribución sería
permitida ya que los poppers circulaban etiquetados como desodorantes de
ambientes y eran distribuidos sólo en los espacios gays, quienes,
estimulados con el abierto apoyo de las principales publicaciones gays,
rápidamente lo incorporaron como parte cotidiana de su vida sexual. El
popper pasó a ser parte de la subcultura gay durante los setenta y
principios de los ochenta. Esto dio pie a un multimillonario negocio que
produjo en un solo año más de cincuenta millones de dólares. El popper
se asociaba, publicitariamente, con la masculinidad y la potencia
sexual. Incluso llegó a editarse un comic cuyo protagonista gay se
llamaba popper.
Pocos,
dentro de la comunidad gay americana, señalaron los efectos no deseados
del nuevo nirvana: daño local de las membranas nasales, anemia, estados
de coma, daños cardíacos y pulmonares, daño cerebral, vasoconstricción
arterial, colapso cardiovascular, atrofia del timo (órgano vital en la
inmunidad) y disminución crónica de linfocitos T, ambos asociados con
anomalías inmunitarias.
A principios de los ’80, con los primeros reportes oficiales acerca del sida, algunos investigadores empezaron a asociar el uso del popper
con la supresión del sistema inmune que podría tener relación con la
alta incidencia del sarcoma de Kaposi entre homosexuales varones y la
neumonía por neumocistis.
Finalmente,
con el avance de la epidemia del vih, el popper fue retirado de la
venta, pero jamás se hizo una campaña seria explicando sus efectos
adversos, y su consumo, si bien ilegal, prosperó una vez pasado el
pánico inicial de la epidemia y, aun más, cuando empezaron a aparecer
tratamientos efectivos para el vih-sida.
Como todo es un ciclo, el laboratorio original del popper, Burroughs Wellcome, es nuevamente famoso por haber desarrollado el AZT.
Goode,
E. & R. Troiden, 1979. Amyl Nitrite Use Among Homosexual Men. Am.
J. Psychiatry 136:8. Labataille, L., 1975. Amyl Nitrite employed in
homosexual relations. Med. Aspects Human Sexuality 9: 122. Shilts, R.,
1987. Y la banda siguió tocando.

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