Londres, Paris, Zúrich
En Londres, un millar de manifestantes, congregados en Trafalgar Square, pidieron el "fin de la tiranía médica". En París, 200 a 300 personas protestaron contra la obligatoriedad de la mascarilla. Sophie, una parisina de unos 50 años, acudió a manifestarse en "favor de la libertad de elegir": "Soy una ciudadana que se opone a medidas liberticidas que no tienen ninguna justificación médica", dijo. También estaba prevista una manifestación similar en la ciudad helvética de Zúrich.
Según la policía, unas 30.000 personas, entre activistas antivacunas, partidarios de la teoría de la conspiración y simpatizantes de extrema derecha, se dieron cita en la puerta de Brandeburgo y marcharon durante buena parte del día por el centro de Berlín gritando consignas contra el Gobierno y portando emblemas que se usaban en la monarquía prusiana. Mostraron también pancartas que exigían la dimisión del Gobierno Federal, así como el fin de las mascarillas y las restricciones cotidianas debidas a la pandemia del coronavirus. Los carteles decían “Detengan la locura del corona” y “Terminen con la dictadura del corona”. Una y otra vez la multitud cantaba “Resistencia” y “Somos el pueblo”.
Algunos manifestantes llevaban fotos de la canciller de centroderecha, Angela Merkel, el vicecanciller socialdemócrata, Olaf Scholz, y del jefe del Gobierno bávaro, el conservador Markus Söder, todos con ropa de prisionero y con el añadido de “culpable”.
La policía desplegó más de 3.000 agentes para impedir choques entre los manifestantes y las contramarchas antifascistas que se organizaron. Los agentes aislaron completamente el barrio donde se encuentra el Reichstag y la Cancillería y sacaron a la calle cañones de agua para evitar posibles choques en pleno centro de la ciudad. Líderes de ultraderecha y extremistas de todo pelaje se dejaron ver en la protesta, exigiendo la renuncia de Merkel y la convocatoria de nuevas elecciones este mismo año.
A pesar de la enorme repercusión mediática de las protestas, las personas que decidieron marchar el sábado solo representan a una minoría en un país, según la última encuesta de la televisión pública de esta semana. Un 60% de los encuestados apoya las medidas del Gobierno y un 28% considera que deberían ser aún más estrictas. Apenas un 10% piensa que son exageradas, en un país en el que nunca ha habido confinamiento y no hay que llevar mascarilla por la calle. Los contagios en Alemania volvieron a subir a partir de finales de julio, pero en la última semana parecen haberse estabilizado, con una media de 1.200 diarios en un país de 83 millones de habitantes.
Carsten Haffer, un ingeniero industrial de 52 años, aseguró que no pertenece a ninguna corriente política, pero que ha decidido participar para defender los derechos fundamentales. “No hay libertad de asociación ni de expresión”, dijo camino de la marcha de Berlín. “El virus no es una pandemia. Es solo peligroso para la gente de más de 80 años y con enfermedades previas”, estimó obviando las evidencias en sentido contrario.
Algunos manifestantes llevaban fotos de la canciller de centroderecha, Angela Merkel, el vicecanciller socialdemócrata, Olaf Scholz, y del jefe del Gobierno bávaro, el conservador Markus Söder, todos con ropa de prisionero y con el añadido de “culpable”.
La policía desplegó más de 3.000 agentes para impedir choques entre los manifestantes y las contramarchas antifascistas que se organizaron. Los agentes aislaron completamente el barrio donde se encuentra el Reichstag y la Cancillería y sacaron a la calle cañones de agua para evitar posibles choques en pleno centro de la ciudad. Líderes de ultraderecha y extremistas de todo pelaje se dejaron ver en la protesta, exigiendo la renuncia de Merkel y la convocatoria de nuevas elecciones este mismo año.
A pesar de la enorme repercusión mediática de las protestas, las personas que decidieron marchar el sábado solo representan a una minoría en un país, según la última encuesta de la televisión pública de esta semana. Un 60% de los encuestados apoya las medidas del Gobierno y un 28% considera que deberían ser aún más estrictas. Apenas un 10% piensa que son exageradas, en un país en el que nunca ha habido confinamiento y no hay que llevar mascarilla por la calle. Los contagios en Alemania volvieron a subir a partir de finales de julio, pero en la última semana parecen haberse estabilizado, con una media de 1.200 diarios en un país de 83 millones de habitantes.
Carsten Haffer, un ingeniero industrial de 52 años, aseguró que no pertenece a ninguna corriente política, pero que ha decidido participar para defender los derechos fundamentales. “No hay libertad de asociación ni de expresión”, dijo camino de la marcha de Berlín. “El virus no es una pandemia. Es solo peligroso para la gente de más de 80 años y con enfermedades previas”, estimó obviando las evidencias en sentido contrario.
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